LA MADRASTRA ABANDONÓ A TRILLIZOS DE 2 AÑOS EN EL MONTE… Y EL PAPÁ ENCONTRÓ ALGO PEOR..

LA MADRASTRA ABANDONÓ A TRILLIZOS DE 2 AÑOS EN EL MONTE… Y EL PAPÁ ENCONTRÓ ALGO PEOR..

—No sé. Él nunca lo dijo.

Julián caminó hacia la puerta, tomó su mochila, tomó las llaves del coche.

—¿A dónde vas? —preguntó Brenda.

—A encontrar a mis hijos —respondió Julián.

—Espera, por favor. Es de noche, es peligroso. Espera hasta mañana.

Julián se detuvo en la puerta, se dio la vuelta, miró a Brenda como si la viera por primera vez.

—Si algo le pasa a uno solo de mis hijos —dijo—, si se mueren de frío, si se pierden, si algo les pasa porque esperé hasta mañana, voy a venir por ti y no será bonito.

Don Ramiro le había contado historias del monte, historias de gente que se perdía, historias de gente que no regresaba. Cuando Julián llegó a su casa, don Ramiro estaba en el patio arreglando una cerca. Eran las 8:15 de la noche. La oscuridad ya había caído completamente.

—Don Ramiro —llamó Julián desde el coche.

Don Ramiro se dio la vuelta, vio a Julián y algo en su cara cambió. Vio el pánico, vio la urgencia. Vio a un padre que estaba a punto de hacer algo que podría matarlo.

—¿Qué pasó? —preguntó don Ramiro, dejando las herramientas en el piso.

—Mis hijos —dijo Julián—, están en el monte. Alguien los dejó allá. Necesito que me ayudes a encontrarlos.

Don Ramiro no hizo preguntas. Entró a su casa, salió con una chamarra, una linterna de trabajo y un machete viejo, pero bien mantenido. Subió al coche de Julián sin decir una palabra. Mientras conducían, Julián le explicó todo. Le mostró la ubicación en el teléfono, le mostró el audio, le mostró las pruebas que había encontrado en la casa. Don Ramiro escuchaba en silencio. Su cara se hacía más seria con cada palabra.

—¿Cuánto tiempo llevan allá? —preguntó cuando Julián terminó.

—No sé. Brenda dijo que los dejó hace 4 o 5 horas, pero el audio… el audio es más reciente, tal vez hace una hora.

Don Ramiro asintió lentamente.

—De noche el monte se traga el sonido —dijo—. Un niño puede estar a 100 metros de distancia y no lo vas a escuchar. El viento, las hojas, los animales, todo suena igual.

—¿Cuál es la probabilidad de que los encuentre? —preguntó Julián.

Don Ramiro no respondió de inmediato. Miró por la ventana hacia la oscuridad que se acercaba.

—Si están vivos y conscientes, muy alta —dijo finalmente—. Si están dormidos o inconscientes, baja. Si alguien los está cuidando…

Se detuvo.

—¿Si alguien los está cuidando? —preguntó Julián.

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