Alrededor de las 2 de la mañana, cuando los niños finalmente estaban estables y durmiendo, un policía se acercó a Julián.
—Necesitamos que nos cuentes todo —dijo el policía.
Julián le contó todo. Le contó sobre Brenda. Le contó sobre el chantaje, le contó sobre el audio, le contó sobre las huellas en el monte, le contó sobre la camioneta. El policía escribía todo en un cuaderno.
—¿Sabes quién ordenó esto? —preguntó el policía.
—No —respondió Julián—. Brenda dijo que no sabía. Dijo que era un número desconocido.
—Vamos a investigar —dijo el policía—. Vamos a revisar los registros de llamadas, el historial de mensajes, todo. Vamos a encontrar a quién está detrás de esto.
Julián asintió, pero en su interior sabía que era más complicado. Sabía que había alguien detrás de todo esto. Alguien que lo conocía, alguien que sabía dónde vivía, alguien que sabía que tenía hijos, alguien cercano.
Esa noche, mientras sus hijos dormían en las camas del hospital, Julián recibió un mensaje de texto. El mensaje no tenía número. El mensaje era anónimo. El mensaje decía: “La próxima vez no tendrás tanta suerte. La próxima vez no habrá montaña donde esconderse.”
Julián mostró el mensaje a la policía. La policía comenzó a investigar, pero Julián ya sabía que no lo encontrarían. Quien fuera que estuviera detrás de esto era profesional, era cuidadoso, era alguien que sabía cómo no dejar rastros, alguien que sabía cómo desaparecer.
Mientras Julián estaba en el hospital, mientras los detectives investigaban, algo importante sucedía en la casa de la policía. Brenda estaba siendo interrogada. No bajo arresto formal, todavía no, pero estaba siendo interrogada, estaba siendo presionada, estaba siendo amenazada con cargos de abandono de menores, de complicidad en un crimen, de un montón de cosas que podían enviarla a la cárcel por años. Y finalmente, Brenda se rompió.
—No fue mi idea —dijo llorando—. Yo no quería hacer esto. Alguien me obligó.
—¿Quién? —preguntó el detective.
—No sé su nombre, pero… pero conozco a alguien que podría saber quién. Mi exnovio. Se llama Roberto. Él desapareció hace tres meses, pero… pero antes de desaparecer me dijo que iba a hacer algo, que iba a arreglar cuentas con alguien.
El detective se inclinó hacia adelante.
—¿Con quién?
—Con Julián —respondió Brenda—. Roberto dijo que Julián le había quitado un trabajo, un trabajo importante y que iba a hacer que pagara.
El detective escribió el nombre.
—¿Qué Roberto?
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